Ostento un corazón,
que siente frío y soledad
por la tristeza que lo embarga
pero una desnuda sonrisa tuya,
lo cobija y le da amor,
tal como una madre a un niño.
Eres tan locuaz, que sin darte cuenta
has llegado a transformarte
en mi musa inspiradora
eres la mona lisa moderna,
porque me haces pintar
versos y poemas.
Que en ningún instante la sonrisa
pretenda renunciar a tus labios
puesto que lo único que imagino,
es disfrutar y estudiar tus sonrisas
para posteriormente dibujarlo
y plasmarlo en un papel
Tal sonrisa solo yacería compararla
con la belleza de nuestra Diosa Venus
ya que para ser parte del Panteón Olímpico,
sencillamente te faltaría ser inmortal
pero ya lo eres, en mi corazón,
en mi inspiración y en este poema.